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Auxiliar o compartir. Un análisis sobre las prácticas de cuidado de jóvenes padres de un barrio popular platense

Ajude ou compartilhe. Análise das práticas de cuidado de jovens país em um bairro popular de La Plata

Help or share. An analysis on the care practices of young parents in a popular neighborhood of La Plata

Resumen

En el marco de una investigación doctoral que abordó las experiencias de paternidades juveniles, el presente artículo analiza las prácticas de cuidado de jóvenes padres de un barrio popular a partir de dos modelos de cuidado construidos (modelo auxiliar y modelo compartido). Las entrevistas fueron realizadas a cuarenta jóvenes varones padres residentes de un barrio popular de La Plata (Buenos Aires, Argentina) durante el período 2013-2015 en base a una muestra intencional seleccionada por bola de nieve, a partir de los criterios de accesibilidad y heterogeneidad. Aunque es posible encontrar mayor involucramiento de los jóvenes en el cuidado, las responsables últimas en ambos modelos de cuidado son las mujeres (especialmente las parejas, pero también suegras, hermanas, vecinas de los jóvenes). Los jóvenes entrevistados cuidan más, pero no logran romper con la división sexual del trabajo clásica y descentrar a las mujeres como cuidadoras principales o expertas.

Palabras clave
paternidades; jóvenes; cuidado; corresponsabilidad; vulnerabilidad social.

Resumo

No âmbito de uma pesquisa de doutorado que abordou as experiências de paternidade de homens jovens, este artigo analisa as práticas de cuidado de jovens país en um bairro popular a partir de dois modelos de cuidado construídos (modelo auxiliar e modelo compartilhado). As entrevistas foram realizadas com quarenta homens jovens residentes em um bairro popular de La Plata (Buenos Aires, Argentina) durante o período 2013-2015 com base em uma amostra intencional selecionada por bola de neve com base nos critérios de acessibilidade e heterogeneidade. Embora seja possível encontrar um maior envolvimento dos jovens no cuidado, os responsáveis últimos nos dois modelos de cuidado são as mulheres (principalmente casais, mas também sogras, irmãs e vizinhos dos jovens). Os jovens entrevistados são mais cuidadosos, mas não conseguem romper com a clássica divisão sexual do trabalho e descentralizar as mulheres como cuidadoras principais ou especializadas.

Palavras-chave
paternidade; juventude; cuidado; corresponsabilidade- vulnerabilidade social.

Abstract

In the framework of a doctoral research that addressed the fatherhood experiences of young men, this article analyzes the care practices of young fathers in a popular neighborhood based on two constructed care models (auxiliary model and shared model). The interviews were conducted with forty young male parents residing in a popular neighborhood of La Plata (Buenos Aires, Argentina) during the period 2013-2015 based on an intentional sample selected by snowball, based on the criteria of accessibility and heterogeneity. Although it is possible to find greater involvement of young men in care, the ultimate responsible in both models of care are women (mainly couples, but also mothers-in-law, sisters and neighbors of young men). The young people interviewed care more, but they are unable to break with the classic sexual division of labor and decentralize women as main or expert caregivers.

Keywords
fatherhoods; youth; care; co-responsibility; social vulnerability.

Introducción

María Ángeles Durán (2005DURÁN, María Ángeles. 2005. “El trabajo no remunerado y las familias”. Aequalitas. Revista jurídica de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Vol. 17, p. 47-59., 2010DURÁN, María Ángeles. 2010. Tiempo de vida y tiempo de trabajo. 1ª ed. Bilbao: Rubes Editorial. Fundación BBVA.) ha señalado que el cuidado es un gran consumidor de tiempo. En nuestra propia cotidianeidad dedicamos incontables horas y energía al cuidado de familiares (hijos/as, adultos/as mayores, parejas) como a nosotros/as mismos/as, aunque frecuentemente se encuentren invisibilizadas.

Daly y Lewis (2000)DALY, Mary; LEWIS, Jane. 2000. “The concept of social care and the analysis of contemporary welfare states”. British Journal of Sociology. Vol. 51, n. 2, p. 281298. definen al cuidado como el conjunto de “actividades y relaciones orientadas a alcanzar los requerimientos físicos y emocionales de niños y adultos dependientes, así como los marcos normativos, económicos y sociales dentro de los cuales éstas son asignadas y llevadas a cabo” (2000: 292). El trabajo de cuidado no es desempeñado únicamente por las personas o las familias de manera aislada, sino que incluye (directa o indirectamente) a otros/as actores sociales. De este modo, la organización social del cuidado refiere a los modos en que las familias, junto al Estado, el mercado y las organizaciones comunitarias de manera conjunta, producen y distribuyen cuidado (Pautassi; Rodríguez Enríquez, 2014RODRÍGUEZ ENRÍQUEZ, Corina; PAUTASSI, Laura. 2014. “La Organización Social del Cuidado de Niños y Niñas. Elementos para la construcción de una agenda de cuidados en Argentina”. Buenos Aires: Equipo Latinoamericano de Justicia y Género - ELA.).

En las sociedades modernas capitalistas, la familia ocupa un lugar central en esta organización. Dicha centralidad permeó el modo en que se estructuraron los sistemas de protección social en América Latina, que asumieron el “cuidado” como una cuestión privada de los hogares y que por tanto, la función estatal debía ser limitada en este asunto (Pautassi; Rodríguez Enríquez, 2014RODRÍGUEZ ENRÍQUEZ, Corina; PAUTASSI, Laura. 2014. “La Organización Social del Cuidado de Niños y Niñas. Elementos para la construcción de una agenda de cuidados en Argentina”. Buenos Aires: Equipo Latinoamericano de Justicia y Género - ELA.). Paralelamente, centralizar la provisión de cuidados en las familias reforzó el rol de las mujeres como sus proveedoras naturales.

Esta forma de organización constituye un vector de reproducción de la pobreza (ADC; CIEPP; ELA, 2014) ya que cuando la presencia estatal es débil o insuficiente, las familias de bajos recursos realizan “mecanismos adaptativos” (comparten intergeneracionalmente las tareas de cuidado con algún familiar como abuelos/ as; o retiran la participación de las mujeres en el mercado de trabajo) que las exponen a mayores niveles de vulnerabilidad (CEPAL, 2009). La escasa infraestructura pública de cuidados destinada a la primera infancia refuerza el rol de las familias y las mujeres en la provisión de cuidados e impacta en las trayectorias educativas y laborales de los/as jóvenes, especialmente aquellas que viven en contextos vulnerables. Así, mientras las familias de estratos socioeconómicos más altos tercerizan parte o toda la responsabilidad del cuidado a través de la contratación de ayuda doméstica o de servicios privados, las de menores ingresos recurren a dichos mecanismos que incrementan su vulnerabilidad (Filgueira, 2007FILGUEIRA, Fernando. 2007. “Cohesión, riesgo y arquitectura de protección social en América Latina”. Serie Políticas Sociales. N° 135, Santiago de Chile, CEPAL.; CEPAL, 2009).

De acuerdo a los datos de la Encuesta Nacional de Juventud (ENJ, 2014), el 29% de los/as jóvenes argentinos/as entre 15 y 29 años tienen hijos/as a cargo. Es decir, casi 4 de cada 10 jóvenes tiene responsabilidades de cuidado especialmente de niños/as (el 34% cuida niños/as habitualmente dentro o fuera de su propio hogar y un 3% cuida a ancianos/as). Un elemento no menor en el análisis de la población joven con responsabilidades de cuidado es la dimensión electiva (De León, 2017DE LEÓN, Gimena. 01.03.2017. Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social [en línea]. Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Documento de trabajo N° 158. Disponible en https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2017/04/158-DT-PS-Jovenes-quecuidan-Gimena-de-Leon-2017.pdf. [Acceso 22.10.2020].
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) en su cumplimiento. La autora señala que a través de los datos disponibles no es posible diferenciar si el cuidado es voluntario o no porque los hogares no cuentan con otras opciones que permitan pensar arreglos alternativos. No obstante, es posible inferir que la población menor a 19 años desarrolla estas actividades como única opción.

Tabla N°1
Jóvenes de 15 a 29 años que realizan actividades de cuidado, por grupo etario y sexo. Total país, 2014

En relación a los ingresos, las actividades de cuidado tienen una incidencia mayor entre los/as jóvenes provenientes de hogares de bajos recursos. El 44% de jóvenes que viven en hogares vulnerables realizan actividades de cuidado, comparado con un 26% de jóvenes que viven en hogares de ingresos altos. Lejos de encontrarse ociosa, la población juvenil perteneciente a los estratos más bajos que no estudia ni trabaja, se dedica a cuidar a otras personas y realizar trabajo doméstico (De León, 2017DE LEÓN, Gimena. 01.03.2017. Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social [en línea]. Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Documento de trabajo N° 158. Disponible en https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2017/04/158-DT-PS-Jovenes-quecuidan-Gimena-de-Leon-2017.pdf. [Acceso 22.10.2020].
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).

Como se observa en la Tabla N°2, el tiempo que la población joven dedica al cuidado es mayor a un trabajo a tiempo completo, insumiéndoles un promedio de 56 horas semanales (ENJ, 2014; De León, 2017DE LEÓN, Gimena. 01.03.2017. Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social [en línea]. Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Documento de trabajo N° 158. Disponible en https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2017/04/158-DT-PS-Jovenes-quecuidan-Gimena-de-Leon-2017.pdf. [Acceso 22.10.2020].
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). Las mujeres duplican la cantidad de horas dedicadas al cuidado respecto de los varones, llegando a las 86 horas entre las de 25 a 29 años: una dedicación de tiempo completo de 10 horas diarias o más, en promedio (ENJ, 2014).

De esta forma, el impacto de las obligaciones de cuidado sobre la situación laboral de los/as jóvenes es contundente: 1 de cada 4 jóvenes no trabajaba al momento de realización de la encuesta por sus obligaciones familiares (23,8%), aunque este motivo fue manifestado mayormente por las mujeres (el 36,2% de ellas declararon no hacerlo por esta causa). Asimismo, el 10,6% de las mujeres no trabajaba por embarazo o maternidad (ENJ, 2014; De León, 2017DE LEÓN, Gimena. 01.03.2017. Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social [en línea]. Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Documento de trabajo N° 158. Disponible en https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2017/04/158-DT-PS-Jovenes-quecuidan-Gimena-de-Leon-2017.pdf. [Acceso 22.10.2020].
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).

Pero lo que es más importante, como señala De León (2017)DE LEÓN, Gimena. 01.03.2017. Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social [en línea]. Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Documento de trabajo N° 158. Disponible en https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2017/04/158-DT-PS-Jovenes-quecuidan-Gimena-de-Leon-2017.pdf. [Acceso 22.10.2020].
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, es el obstáculo que representan las responsabilidades de cuidado para sostener la presencia en el mercado de trabajo o el estudio. Poco más de 3 de cada 10 jóvenes que cuidan niños/as dejó de trabajar, de estudiar o tuvo que trabajar menos horas para realizar esta tarea. Entre las mujeres, quienes dejaron de trabajar o estudiar por esta razón alcanzan el 42,1% y entre los varones, el 12,9%.

Tabla N° 2
Cuidado de niños/as, promedio de horas por semana y reducción del tiempo dedicado al trabajo y/o estudio de la población de 15 a 29 años por sexo y grupo de edad. Localidades de 2.000 y más habitantes. Total del país, noviembre de 2014. En porcentaje por fila

En este marco, el artículo presenta parte de los resultados de la investigación doctoral sobre paternidades juveniles referidos específicamente a las prácticas de cuidado que desarrollan los jóvenes varones en sus hogares. El análisis se concentra en sus prácticas domésticas cotidianas, la distribución de tareas, los arreglos familiares, la organización/usos del tiempo en los hogares, así como en las decisiones sobre el cuidado de los/as hijos/as y la conciliación entre trabajo y familia.

Metodología

Para abordar las experiencias de paternidad y cuidado de jóvenes en contextos de vulnerabilidad social, la investigación doctoral adoptó un diseño flexible y un abordaje metodológico cualitativo. Las entrevistas1 1 Todos los jóvenes que participaron en las entrevistas fueron informados de la naturaleza de la investigación, del objetivo, la pertinencia, el anonimato y la confidencialidad de la información, pidiéndose su consentimiento por escrito. Los nombres reales fueron sustituidos para preservar su anonimato. fueron realizadas a 40 jóvenes varones padres de entre 15 y 24 años de edad de un barrio popular de la ciudad de La Plata (provincia de Buenos Aires, Argentina) durante el período 2013-2015 en base a una muestra intencional seleccionada por bola de nieve, a partir de los criterios de accesibilidad y heterogeneidad.

Al momento de las entrevistas, la mayoría de los jóvenes se empleaban como albañiles o ayudantes de albañil, pintores, electricistas, repartidores y en menor proporción, como cooperativistas municipales de barrido de calles y poda de árboles. Algunos se dedicaban a la recolección, trozado y venta de chatarra o al cirujeo2 2 El cirujeo recibe diferentes nombres, como recuperador urbano o cartonero. Perelman (2009, 2010) señala que el ciruja como categoría analítica refiere a las personas que se dedican regularmente a la actividad de recolección de la basura, de materiales que pueden ser reciclados, ya sea a nivel industrial o doméstico y que pueden incluir o no el uso de carros o caballos. 3 3 En la investigación mencionada (Hasicic, 2020), los modelos de cuidado se vinculan con una tipología de paternidades juveniles (planificadas, fortuitas y salvavidas). El modelo compartido podría asociarse en mayor medida a las paternidades planificadas y salvavidas en tanto estas experiencias se producen en el primer caso de manera esperada y en el segundo, aunque son inesperadas se convierten en un soporte (temporal) para los entrevistados. Contrariamente, las paternidades fortuitas se vinculan mayormente con el modelo auxiliar por la irrupción que supone la paternidad en la vida de los jóvenes, trastocando sus rutinas de modo problemático. . De los cuarenta entrevistados sólo dos poseían un registrado a partir de su sindicato (UOCRA, sindicato de la rama de la construcción), mientras que 7 se encontraban desempleados.

La unidad de observación elegida es un barrio de la periferia sudoeste de La Plata. Ésta presenta condiciones habitacionales y sanitarias mínimas, encontrándose la mayor parte de sus residentes en situación de pobreza. De acuerdo al Registro de Villas y Asentamientos Precarios del Ministerio de Infraestructura bonaerense, actualmente viven alrededor de 170 familias. Otros datos elaborados por medio de la base de REDATAM del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 muestran que el 30% de la población se encontraba en situación NBI. La condición de actividad reveló que el 65% eran ocupados, el 5% desocupados y el 30% inactivos (donde el 70% lo constituyen las mujeres). Por último, el 7% de los/as habitantes del barrio son migrantes (especialmente de nacionalidad paraguaya) y el 7% no sabe leer ni escribir.

Para la investigación se construyeron dos modelos de cuidado3 (auxiliar y compartido) en base a la sistematización y análisis de los datos (entrevistas, observaciones, notas de campo) mediante el uso del Software ATLAS.ti, permitiendo ordenar la información en categorías y códigos. Estos modelos tienen un objetivo heurístico, es decir, constituyen una herramienta teórica que permitió agrupar y diferenciar prácticas de cuidado que habilitan describir y explicar cómo cuidan los entrevistados. Como todo modelo, encuentra limitaciones en las explicaciones generales que pueden brindar al excluir tensiones y diversidad de modos de cuidar, como aparecen en los relatos de los jóvenes. Sin embargo, ambos modelos iluminan discursos y prácticas de paternidad y cuidado juvenil.

Cuidar desde chico

Para indagar sobre las prácticas de los jóvenes entrevistados, es preciso recuperar las dinámicas familiares en relación a la organización del cuidado en sus hogares de origen, para luego centrarse en el análisis de sus propios hogares.

En sintonía con los datos de la primera sección, la investigación evidencia que tanto las tareas domésticas (ordenar y limpiar la vivienda, hacer compras) como aquellas más específicamente vinculadas al cuidado, como encargarse de hermanos/as menores, primos/as, sobrinos/as cuando no hay un/a adulto/a responsable (cambiar pañales, alimentar niños/as, llevarlos/as al jardín o a la escuela), son asumidas desde temprana edad por los jóvenes. Es decir, se encuentran familiarizados con el cuidado. Todos los entrevistados provienen de familias numerosas de entre 5 y hasta 12 hermanos/as, muchas de ellas monoparentales (de jefatura femenina) en las cuales su involucramiento se tornaba fundamental frente a la necesidad de cubrir a sus madres cuando salían a trabajar, o simplemente asistirlas ante la gran demanda que representaba el cuidado de hermanos/as menores.

Este es el caso de Daniel (23), quien queda al cuidado de sus 9 hermanos/as. Luego de la separación de sus padres, su madre comienza a cuidar a adultos/as mayores y emplearse como trabajadora doméstica lo que significó encargarle a Daniel la tarea de asegurarse que sus hermanos/as volvieran de la escuela y almorzaran Este “arreglo” no elegido (De León, 2017DE LEÓN, Gimena. 01.03.2017. Jóvenes que cuidan: impactos en su inclusión social [en línea]. Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Documento de trabajo N° 158. Disponible en https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2017/04/158-DT-PS-Jovenes-quecuidan-Gimena-de-Leon-2017.pdf. [Acceso 22.10.2020].
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) finaliza cuando Daniel se convierte en padre y forma un nuevo hogar. Una historia similar atravesó Guillermo (18), luego de que sus padres se separaran y su madre se empleara también como trabajadora doméstica. Esto supuso que Guillermo permaneciera con sus 4 hermanos/as todas las tardes, pero a diferencia de Daniel, se encargaba de limpiar la vivienda (tender las camas, hacer las compras) además de hacer sus propios deberes escolares. De ese modo y gradualmente, a las actividades escolares de los jóvenes se sumaban las de cuidado y las del hogar, que iban aumentando en cantidad (tiempo) y en complejidad (de tareas) a medida que los jóvenes crecían.

Sin embargo, la realización de tareas de cuidado no es exclusiva de los hogares en los cuales los padres de los jóvenes se separan o los padres varones abandonan el hogar. En aquellos donde los padres estaban presentes y/o convivían con sus hijos/ as, los jóvenes también realizaban tareas de cuidado, aunque asumían un carácter menos acuciante dado que en la mayoría de los casos las madres se encontraban en el hogar y se encargaban en gran parte de las mismas.

Lautaro (22) relata que su madre era ama de casa y por tanto, responsable de los quehaceres domésticos y del cuidado de sus hermanos/as, y que su padre se dedicaba a trabajar como albañil la mayor parte del día, por lo que no intervenía en estas actividades. Sin embargo, la demanda de cuidado de sus 10 hermanos/as era de tal magnitud que aprendió desde temprana edad a asistirla, especialmente cuando ella se ausentaba ocasionalmente de la vivienda. En su caso, las labores de cuidado terminaron cuando debió buscar un trabajo para colaborar en la economía del hogar.

Es preciso mencionar que en los hogares donde los jóvenes entrevistados tienen hermanas mayores o de una edad similar, como en los casos de Francisco (16) o de Diego (20), la responsabilidad de los cuidados recae preferentemente en ellas, y en una menor proporción en ellos. Esto puede comprenderse mejor cuando pensamos en que, más allá del trabajo reproductivo, los jóvenes varones son muchas veces expulsados de sus hogares por la situación económica en al menos la mitad de los casos analizados, a conseguir un trabajo o changa para generar una entrada extra de dinero o para mantenerse a sí mismos, a diferencia de sus hermanas mujeres que son retenidas en el espacio doméstico. En este aspecto, puede observarse la reproducción de la división sexual del trabajo clásica, asignando así el trabajo doméstico a las mujeres y el extra-doméstico a los varones.

En este sentido, los entrevistados se emplean como albañiles principalmente porque fue un oficio aprendido con sus padres desde chicos en aquellos casos en que estuvieron presentes, y en aquellos que no, por un tío o familiar cercano (suegros, padrinos) que les enseñaron y emplearon en alguna obra. Si no fuera por la necesidad de buscar un empleo que colabore a solventar los gastos de la vivienda, la participación de los jóvenes varones en las tareas de cuidado en el hogar culminaría cuando arman su propia familia. En las entrevistas realizadas, no es posible encontrar referencias que luego del nacimiento de sus hijos/as, los jóvenes continúen desarrollando estas actividades en sus hogares de origen.

Un último dato en relación a este punto, es que en ninguno de los relatos de los entrevistados se menciona su concurrencia o la de sus hermanos/as a un jardín maternal o una institución similar para descomprimir esta “carga” en sus familias. Como se advirtió anteriormente, estos hogares desarrollan mecanismos adaptativos de cuidado en los cuales estas necesidades se resuelven o distribuyen entre los/ as mismos/as integrantes de la familia o las mujeres jefas de hogar, impidiendo que se inserten en el mercado de trabajo o en el caso que lo hagan, centrando el cuidado en alguno/a de los/as hijos/as. La ayuda brindada por vecinas o comadres es puntual y específica, y continúa siendo femenina. La única posibilidad de externalización del cuidado está representada por los comedores del barrio, donde algunos jóvenes han concurrido. Además de almorzar, los jóvenes refieren haber realizado allí tareas escolares o haber transcurrido algunas tardes jugando con otros/as niños/as, convirtiéndose en un espacio de contención importante pero que no visualizan como de cuidado. Los dos comedores que existen en el barrio analizado y que componen la muestra de instituciones relevadas por la investigación mencionada, fueron creados y son coordinados por dos mujeres vecinas del lugar. En estos casos, el cuidado de los hogares fue trasladado en parte a estas instituciones. Esta última cuestión no es menor si reparamos en las oportunidades de externalizar el cuidado que poseen los jóvenes con sus propios/as hijos/as y su falta de demanda de espacios para su contención y educación (Hasicic, 2020HASICIC, Cintia. 2020. Paternidades juveniles en barrios populares. Experiencias y relatos de varones padres de un barrio periférico de la ciudad de La Plata (2012-2015). Tesis Doctoral, Universidad Nacional de La Plata.).

Dos modos de cuidar: el modelo auxiliar vs. el modelo compartido

A partir de las entrevistas realizadas se observa que la totalidad de los jóvenes concibe las tareas de cuidado como actividades que no pueden eludirse, que requieren de su participación. Si bien es posible encontrar similitudes en algunas dimensiones del cuidado4 4 Entre dichas experiencias comunes se destacan las dificultades de cuidar a sus hijos/as durante los primeros días de vida, su predilección por los hijos varones sobre las hijas mujeres, las marcadas diferencias generacionales sobre los cuidados que los jóvenes recibieron de sus padres y los que brindan ellos (especialmente su condena sobre el uso de la violencia física con sus propios/as hijos/as) y las definiciones sobre qué significa ser un padre y su rol en las familias. , pueden establecerse dos grandes modelos sobre prácticas de cuidado en estos jóvenes padres: un modelo auxiliar y un modelo compartido.

El modelo auxiliar se caracteriza por la participación de los varones en el cuidado en caso de “emergencia”, es decir, cuando las mujeres no están presentes o están imposibilitadas para realizar una tarea. En estas situaciones, los jóvenes reemplazan o suplantan a sus parejas en momentos específicos, pero no participan transversalmente (a lo largo del tiempo): “si ella no está, lo hago yo”, “si lo tengo que hacer, lo hago”, “si me lo piden, lo hago”. En este esquema, las mujeres son las responsables centrales y los varones son cuidadores de segundo grado o participantes menores que intervienen puntualmente.

Uno de estos casos es el de Diego (20), que llegó al barrio desde Santiago del Estero en busca de trabajo. A partir de un contacto ingresó a una refinería con un contrato temporal, pero al momento de la entrevista se encontraba desempleado. Lali (su pareja) tenía 18 años y tampoco trabajaba. Se conocieron en el barrio cuando ella migró desde Paraguay con su madre, también en busca de progreso económico. Luego de casi un año de relación tuvieron a Manuel. Diego tenía largas jornadas de trabajo que le impedían disponer de tiempo e involucrarse en el cuidado de su hijo. No obstante, cuando quedó nuevamente desempleado, su participación en el cuidado comienza a ser “auxiliar”: ayuda a Lali cuando ella no puede hacerlo.

Trabajaba de noche, no podía ayudarla, qué se yo, venía cansado, entraba a las 7 de la tarde y venía a las 7 de la mañana, laburaba toda la noche sin descansar. Así que venía rendido, no podía. Una sola vez cambié los pañales y encima lo puse al revés (risas). No, la verdad que no ayudo con esas cosas salvo que me lo pida y ahí lo intento hacer. Ahora que estoy sin trabajo, a veces estoy acá en la casa haciendo algo, le cuido el nene, a veces cuando está haciendo algo ella le agarro al nene, o lo hago jugar un toque, y a veces me dedico a otra cosa. (Diego, 20 años)

Al manifestar “le cuido al nene”, Diego (20) deja entrever que centraliza el cuidado de su hijo Manuel en su pareja apelando al argumento del trabajo. Este argumento no sólo es mencionado como un factor determinante a la hora de cuidar a los/as hijos/as, sino también en la participación de los quehaceres domésticos5 5 Este argumento también es utilizado para explicar el acompañamiento intermitente en los controles prenatales y en el parto (Hasicic, 2020) . Como se advirtió anteriormente, los jóvenes se emplean principalmente como albañiles, pintores o cooperativistas (todas actividades ligadas al sector de la construcción) entre otras, sosteniendo que las largas jornadas de trabajo imposibilitan y atentan contra el tiempo que podrían dedicar a realizar las tareas del hogar.

En esa dirección, Mariano (23) comparte con Diego el argumento del trabajo para no ocuparse de las tareas del hogar a la par de su pareja, lo hace cuando se debe hacer. Cocinar queda definitivamente excluido de sus dominios:

Cuando yo no laburo, la ayudo obviamente. No sé, a veces ella, a veces yo, depende. Lo que sí ella cocina y limpia porque yo no me ocupo. Ni ahí. A veces cambio los pañales. Después limpiar…Por ahí yo también, cuando estoy aburrido, y tengo que estar muy aburrido (risas)”. (Mariano, 23 años)

Este argumento es frágil porque en los casos en que los jóvenes no tienen empleo, tampoco aumenta su participación en las tareas del hogar. En otros relatos se puede visualizar que a este argumento se suman concepciones o imágenes de familia tradicionales, que identifican a las mujeres con el trabajo doméstico, como ilustra el caso de Lionel (21) quien se desempeña como músico. Su abuelo le regaló un teclado cuando era pequeño y desde entonces se dedica tocar y a hacer colaboraciones con distintos grupos musicales de la escena platense, principalmente los fines de semana. De lunes a viernes trabajaba como empleado en un kiosco, pero el negocio no funcionó como esperaban y cerró 5 meses antes de la entrevista. Este cambio significó que tuviera más disponibilidad horaria para estar con su hija y encargarse del hogar mientras su pareja trabajaba en un comercio, pero Lionel lo interpreta como un abandono de su rol de padre para adoptar un rol de madre. Las tareas domésticas (limpiar, lavar, planchar, tender las camas) tienen para este modelo de cuidado una marca genérica (Wainerman, 2007WAINERMAN, Catalina. 2007. “Conyugalidad y paternidad ¿Una revolución estancada?”. En: GUTIÉRREZ, M. A. (ed.). Género, familias y trabajo: rupturas y continuidades. Desafíos para la investigación política. Buenos Aires: CLACSO.) que las vincula íntimamente con las mujeres, como dominios femeninos.

Yo estoy en un rol más de madre que de padre ahora igual. Estoy con ella desde la mañana hasta la tarde, estoy todo el día con la nena. En cambio cuando yo era papá no, estaba más en el laburo y preocupado por lo que faltaba, qué se yo…Ahora estoy más enfocado en la nena, en cuidarla, estar con ella o sacarla a algún lado porque a mí no me gusta tenerla ahí en mi casa todo el día. A mí me parece que eso lo hace más una mujer. También ordenar la casa, a mí no me gusta ordenar, si tengo que ordenar lo hago por obligación, pero no. (Lionel, 21 años)

Alejo (19) también identifica y equipara a las mujeres con el rol materno y la realización de las tareas domésticas. A través de su relato expone su concepción de familia, basada en la división sexual del trabajo, estableciendo funciones diferenciadas para unos y otras:

El rol de un padre es mantener toda la casa. O sea… mantener la casa, comprar lo que falta, arreglar lo que se rompe, no puede limpiar. Eso yo creo que se encarga la mujer. Limpio si mi mujer no está y veo que está todo sucio, agarro y lo hago. (Alejo, 19 años)

Como contrapartida, el modelo denominado compartido se sustenta en la retórica de la equidad (Venturiello, 2012VENTURIELLO, María Pía. 2012. “El cuidado de los hijos: dominios femeninosdominios masculinos”. En: LÓPEZ, E.; FINDLING, L. (eds.). Maternidades, paternidades, trabajo y salud: ¿transformaciones o retoques? Buenos Aires: Biblos.). En estas familias, las tareas de cuidado son asumidas y distribuidas de manera equitativa tanto por las mujeres como los varones, siendo igualmente responsables de su organización: “los dos hacemos todo”. Sin embargo, y como sostiene la autora para el caso de familias de clase media, es posible encontrar la persistencia de dominios masculinos y dominios femeninos en la realización de estas tareas aún cuando el cuidado es compartido. A partir de las entrevistas, se pueden visualizar dos dominios masculinizados en este modelo: una dimensión administrativa de los cuidados que consiste en la realización de tareas de corte “administrativo” (como llevar a los/as hijos/as al centro de salud, retirarlos/as de los jardines de infantes, hacer un trámite o certificados como la Asignación Universal por Hijo (AUH)) y un segundo dominio relacionado con la dimensión lúdica de los cuidados (que contempla el espacio de juegos, incluyendo paseos o salidas recreativas).

Ezequiel (19) tenía 17 años cuando nació su hijo AgustínEn ese momento no trabajaba y había abandonado la escuela dos años antes. Estaba la mayor parte de su tiempo en la calle y tenía un grave problema de consumo de pastillas. La llegada de Agustín fue un acontecimiento que él consideró una “bendición”: su hijo lo “había sacado” de la calle y lo había librado de sus adicciones. El cuidado de bebés o niños/as pequeños/as no le resultaba una cuestión ajena. Se había acostumbrado a estar y jugar con sus 25 sobrinos/as y previamente a eso, a compartir su hogar con 11 hermanos/as. Cuando Agustín finalmente nació, Ezequiel y su pareja arreglaron repartir equitativamente el cuidado de su hijo, principalmente porque su pareja quería terminar la escuela y él tenía que trabajar. Sostenía que ese trato fue “lo más justo” para los dos, aunque al principio les costara encontrar la forma de organizarse:

Cuando nació Agustín nos encargamos los dos de hacer las cosas, creo que es mejor así. No soy machista de “No, lavá los platos vos”, yo no tengo problema, si los tengo que lavar los lavo. Somos bastante organizados, bastante organizados a lo que éramos antes. Antes chocábamos mucho, porque yo le decía “Bueno, andá a hacer esto” y ella me contestaba “No, yo no lo voy a hacer”, y empezábamos a discutir muchísimo. Aparte yo me levantaba para ir a la obra muy temprano y llegaba molido, ella estaba mal también con querer terminar el colegio, todo difícil. Por suerte eso ya pasó, nos hablamos bien las cosas como tenían que ser para seguir, y por suerte entendimos los dos, y ahora estamos mejor, parejos. (Ezequiel, 19 años)

Federico (21) tampoco esperaba la llegada de Jazmín. Al igual que Ezequiel atravesaba un momento crítico en que su vida se desarrollaba entre diferentes internaciones que lo ayudaran a frenar su consumo. Conoció a su pareja Sofía entre los ingresos y egresos de los centros de rehabilitación y al tiempo tuvieron a Jazmín. A pesar de sus dificultades, logró estabilizarse y conseguir empleo, repartiendo su tiempo entre el trabajo y el cuidado de su hija.

A diferencia de Ezequiel y de Federico, Daniel (23) tenía un gran deseo de convertirse en padre. Si bien tuvo que afrontar desde el principio de su noviazgo la poca aceptación de la familia de su novia, lograron afianzar su relación. Luego del nacimiento de Brisa (2), acordaron en compartir sus cuidados aunque su pareja no tuviera un empleo (extradoméstico). Su trabajo de remisero le permite cierta flexibilidad horaria cuando necesita “cortar” la jornada y cuidar a su hija. Los fines de semana son los días que más tiempo pasa con ella.

Me tomo y me lo hago al tiempo. No es que salgo todos los días a las 18 hs del laburo. A veces salgo o entro más temprano, o a veces más tarde. Pero esas horas las aprovecho, me levanto temprano, la despierto [a Brisa], y ahí siempre nos vamos a algún lado. Ponele, el fin de semana nos vamos a juntar en una plaza, vamos a comer a algún lado. Trato de disfrutar lo más que pueda. (Daniel, 23 años)

Al preguntar sobre lo que más disfrutan en el cuidado de sus hijos/as, los jóvenes resaltaron los juegos y las salidas recreativas. Al respecto, Catalina Wainerman (2007)WAINERMAN, Catalina. 2007. “Conyugalidad y paternidad ¿Una revolución estancada?”. En: GUTIÉRREZ, M. A. (ed.). Género, familias y trabajo: rupturas y continuidades. Desafíos para la investigación política. Buenos Aires: CLACSO. ha señalado el valor que adquiere la emotividad en la conformación de las nuevas prácticas de la paternidad así como el juego y los paseos. El juego puede ser interpretado como una forma de mayor acercamiento de los padres con sus hijos/ as, en los que se establecen canales de comunicación donde la afectividad se transmite con mayor fluidez.

Lo que más me gusta es tenerlos y jugar con ellos, jugar a la pelota (con sus hijos varones), me divierto y ellos también, andar juntos para todos lados, me hacen reír. Es lo mejor que hice creo. Es una de las mejores cosas que me pasaron, me hace ir para adelante. (José, 20 años)

Los encuentros lúdicos con sus hijos/as, especialmente con los varones, son un momento trascendente en su relación. Como expresa José (20), la posibilidad de disfrutar de ese vínculo lúdico constituye una motivación para realizar las tareas de la crianza y afrontar su propia vida. Los datos arrojados por la investigación (Hasicic, 2020HASICIC, Cintia. 2020. Paternidades juveniles en barrios populares. Experiencias y relatos de varones padres de un barrio periférico de la ciudad de La Plata (2012-2015). Tesis Doctoral, Universidad Nacional de La Plata.) reafirman lo que sostiene Venturiello (2012)VENTURIELLO, María Pía. 2012. “El cuidado de los hijos: dominios femeninosdominios masculinos”. En: LÓPEZ, E.; FINDLING, L. (eds.). Maternidades, paternidades, trabajo y salud: ¿transformaciones o retoques? Buenos Aires: Biblos. cuando señala que “el ejercicio de la paternidad se vincula en mayor medida con el hedonismo: asumir o no ciertas tareas (…) está en directa proporción a la posibilidad de disfrutarlo” (2012: 80).

En referencia a los “cuidados administrativos”, es llamativa la importancia que algunos jóvenes otorgan a la atención médica de sus hijos/as, teniendo en cuenta que casi la totalidad de los entrevistados no recuerda haber asistido a un establecimiento de salud por controles o aplicación de vacunas cuando eran niños. La mayoría de los jóvenes concurrieron sólo en situaciones concretas de preocupación o urgencia (sutura de brazos, cabeza, quebraduras o esguinces, fiebre muy elevada) como se evidencia en un conjunto de investigaciones (de Keijzer, 1998; Obach et al., 2018OBACH Alexandra; SADLER, Michelle; AGUAYO, Francisco; BERNALES, Margarita. 2018. “Salud sexual y reproductiva de hombres jóvenes en Chile: resultados de un estudio cualitativo”. Revista Panamericana de Salud Pública. N° 42, p. 1-7.; Tajer el al., 2018TAJER, Débora; REID, Graciela; FERNÁNDEZ ROMERAL, Juliana; SAAVEDRA, Lucía. 2018. “Barreras de género en la prevención y atención de la salud de los varones adolescentes: significados y prácticas de usuarios y de profesionales de la salud”. Anuario de Investigaciones. Vol. 24, p. 221-226.). No obstante esta prioridad otorgada a la salud de los/ as hijos/as, cuando éstos se enferman quedan al cuidado de las parejas (mujeres).

Para ir al médico si la puedo acompañar la acompaño, si no va ella. Eso sí, con la salud yo le rompo siempre las bolas, que las vacunas, que esto, que lo otro. Yo debo tener la mitad de las vacunas, ni libreta sanitaria tengo, pero los nenes sí. Si tienen mocos o algo, “Bueno, vamos al médico”. Para mí eso es re importante, mantener a los chicos bien y que no se enfermen es importante. (Fernando, 20 años)

La misma situación explicó Martín (21) en relación a los trámites de sus hijos/ as. Se dedica al cirujeo, actividad que aprendió desde chico junto a su padre.

Antes de realizar la entrevista, se había acercado al centro de salud con su hijo mayor Ciro (5) para solicitar un certificado bucodental. Éste es uno de los requisitos establecidos por la Asignación Universal por Hijo (AUH) que perciben Ciro y su hermano pequeño, Thiago (1). En su hogar, Martín es quien lleva el registro de los controles y certificados (como también el de alumno regular) que deben presentar todos los meses para que sus hijos puedan acceder y ejercer ese derecho. El incumplimiento de estos controles anteriormente trajo severos inconvenientes en el cobro de la Asignación por el atraso en los depósitos, resintiendo la economía familiar. En el caso de Martín, la dimensión administrativa de los cuidados contempla la administración del dinero y se conjuga de manera simultánea con su rol de proveedor único del hogar:

Después de que nos cortaron la plata la otra vez, de todo esto me encargo yo. Para mí es una gran ayuda que no puedo dejar. No tenemos mucho. Aparte los revisan a los chicos así que bueno, es muy bueno todo. Lo único es que hay que esperar [para atenderse], pero no es tanto. (Martín, 21 años)

Este modelo compartido de cuidado privilegia la dimensión administrativa del cuidado y la dimensión lúdica sobre otras. Desde este punto de vista, estos relatos no pueden ser asimilados completamente dentro del comportamiento tradicional de un padre proveedor. Su mayor participación en las tareas de cuidado (aunque sea especialmente en estas dos dimensiones o dominios) sugiere un compromiso con otras formas de vincularse con sus hijos/as y sus parejas, más afectivas y cercanas donde se reelabora la relación con los/as hijos/as, desde un contacto más emocional y lúdico.

En la siguiente tabla se muestran las características de estos dos modelos:

Tabla N° 3
Modelos de cuidados

La investigación citada muestra que la totalidad de los jóvenes entrevistados poseen experiencia (no elegida) en el cuidado aprendida en sus hogares de origen (cuidando hermanos/as, cambiando pañales, limpiando sus viviendas), pero cuando conforman sus propios hogares sólo un grupo de ellos continúa realizando esas tareas de manera compartida, (principalmente a través de su dimensión lúdica/ recreativa y administrativa), mientras otro grupo adopta una posición secundaria o una participación menor descansando en el trabajo reproductivo realizado por sus parejas.

A pesar de las diferencias señaladas entre los dos modelos de cuidados, la lógica que subyace a ambos es que aún cuando es posible encontrar mayor involucramiento de los jóvenes en el cuidado (especialmente en el modelo compartido), la responsable última en los dos modelos son las mujeres (principalmente las parejas, pero también pueden incluirse las madres de los jóvenes, sus suegras, hermanas, vecinas). Los varones cuidan, pero no logran romper con la división sexual del trabajo clásica y descentrar a las mujeres como cuidadoras principales o como expertas cuidadoras. Justamente, este capital negativo (Kaufmann, 1997KAUFMAN, Michael. 1997. “Los hombres, el feminismo y las experiencias contradictorias del poder entre los hombres”. En VALDÉS, T.; OLAVARRÍA, J. (eds.). Masculinidad/es. Poder y crisis. Santiago de Chile: ISIS.) que establece que las mujeres se desempeñan mejor que los varones en las tareas de cuidado (Tronto, 2015), las perjudica en el momento de distribuir los quehaceres, dado que la mayor parte recae (o al menos, como último recurso) en ellas. En relación al cuidado de los/as hijos/as, se observa tal como propone Faur (2017)FAUR, Eleonor. 2017. Mujeres y varones en la Argentina de hoy. Géneros en movimiento. Fundación OSDE. Buenos Aires: Siglo XXI editores. una mayor disposición de los entrevistados para modificar sus comportamientos como padres que como corresponsables de las tareas domésticas. Esta disposición podría asociarse a la creciente valoración que el rol paternal ha adquirido socialmente en estos últimos años, pero que no ha tenido un correlato similar en la distribución de tareas en el ámbito doméstico.

Conclusiones. Familiarizados con el cuidado, desfamiliarizados con la corresponsabilidad

El objetivo del artículo se orientó a conocer los modos en que los jóvenes padres residentes en barrios populares cuidan. El análisis de sus relatos sugiere pensar en dos modelos de cuidado: uno auxiliar y otro compartido.

El primero se caracteriza por la participación de los varones en caso de “emergencia”, es decir, cuando las mujeres no están presentes o están imposibilitadas para realizar una tarea. El argumento del trabajo es empleado para justificar este tipo de participación, sumado a la apelación de concepciones e imágenes tradicionales de las familias, que identifican a las mujeres con el trabajo doméstico. Este modelo se asocia en mayor medida a un modelo proveedor o hegemónico de paternidad.

Por su parte, en el modelo compartido las tareas de cuidado son asumidas y repartidas de manera “equitativa” tanto por las mujeres como los varones, siendo ambos igualmente responsables de su organización. Sin embargo, es posible encontrar la persistencia de dominios masculinos y dominios femeninos en la realización de estas tareas. El cuidado asume una dimensión administrativa al desarrollar tareas de corte “administrativo” (como llevar a los/as hijos/as al jardín de infantes, hacer un trámite o certificados como la Asignación Universal por Hijo (AUH)) como también una dimensión lúdica (que contempla el espacio de juegos, incluyendo paseos o salidas recreativas).

A pesar de la retórica de la igualdad (Venturiello, 2012VENTURIELLO, María Pía. 2012. “El cuidado de los hijos: dominios femeninosdominios masculinos”. En: LÓPEZ, E.; FINDLING, L. (eds.). Maternidades, paternidades, trabajo y salud: ¿transformaciones o retoques? Buenos Aires: Biblos.) manifestada por el modelo compartido, ninguno de los dos modelos construidos logra descentrar la responsabilidad principal de las mujeres en el cuidado. La corresponsabilidad predicada en los discursos se sostiene con dificultad en las acciones (Faur, 2017FAUR, Eleonor. 2017. Mujeres y varones en la Argentina de hoy. Géneros en movimiento. Fundación OSDE. Buenos Aires: Siglo XXI editores.). Se evidencia un mayor involucramiento de los jóvenes con el cuidado de sus hijos/as, pero las actividades de cuidado instrumental (Wainerman, 2007WAINERMAN, Catalina. 2007. “Conyugalidad y paternidad ¿Una revolución estancada?”. En: GUTIÉRREZ, M. A. (ed.). Género, familias y trabajo: rupturas y continuidades. Desafíos para la investigación política. Buenos Aires: CLACSO.) (como el cambio de pañales, vestir a los/as hijos/as, bañarlos/as) quedan generalmente dentro del ámbito de las acciones de las mujeres, así como las tareas domésticas marcadas por el género (limpiar, lavar, planchar, etcétera). De este modo, el ejercicio de la paternidad aparece como una presencia puntual (episódica) en tanto la responsabilidad central del cuidado es de las mujeres, que se produce de manera transversal u omnipresente en su calidad de cuidadoras innatas o expertas.

Aunque los entrevistados se encuentran familiarizados con los cuidados por desempeñarlos desde temprana edad (de manera no elegida), se encuentran desfamiliarizados con la corresponsabilidad, por lo que resulta fundamental la generación de políticas de Estado que reviertan esta tendencia y colaboren en la autonomía de las mujeres, especialmente en contextos de vulnerabilidad social.

  • 1
    Todos los jóvenes que participaron en las entrevistas fueron informados de la naturaleza de la investigación, del objetivo, la pertinencia, el anonimato y la confidencialidad de la información, pidiéndose su consentimiento por escrito. Los nombres reales fueron sustituidos para preservar su anonimato.
  • 2
    El cirujeo recibe diferentes nombres, como recuperador urbano o cartonero. Perelman (2009PERELMAN, Mariano. 2009. “Haber sido y ser. De trabajadores y cirujas en la Ciudad de Buenos Aires (1977-2007)”. Actas de la VIII Reunión de Antropología del Mercosur. Buenos Aires: UNSAM., 2010) señala que el ciruja como categoría analítica refiere a las personas que se dedican regularmente a la actividad de recolección de la basura, de materiales que pueden ser reciclados, ya sea a nivel industrial o doméstico y que pueden incluir o no el uso de carros o caballos.
  • 3
    En la investigación mencionada (Hasicic, 2020HASICIC, Cintia. 2020. Paternidades juveniles en barrios populares. Experiencias y relatos de varones padres de un barrio periférico de la ciudad de La Plata (2012-2015). Tesis Doctoral, Universidad Nacional de La Plata.), los modelos de cuidado se vinculan con una tipología de paternidades juveniles (planificadas, fortuitas y salvavidas). El modelo compartido podría asociarse en mayor medida a las paternidades planificadas y salvavidas en tanto estas experiencias se producen en el primer caso de manera esperada y en el segundo, aunque son inesperadas se convierten en un soporte (temporal) para los entrevistados. Contrariamente, las paternidades fortuitas se vinculan mayormente con el modelo auxiliar por la irrupción que supone la paternidad en la vida de los jóvenes, trastocando sus rutinas de modo problemático.
  • 4
    Entre dichas experiencias comunes se destacan las dificultades de cuidar a sus hijos/as durante los primeros días de vida, su predilección por los hijos varones sobre las hijas mujeres, las marcadas diferencias generacionales sobre los cuidados que los jóvenes recibieron de sus padres y los que brindan ellos (especialmente su condena sobre el uso de la violencia física con sus propios/as hijos/as) y las definiciones sobre qué significa ser un padre y su rol en las familias.
  • 5
    Este argumento también es utilizado para explicar el acompañamiento intermitente en los controles prenatales y en el parto (Hasicic, 2020HASICIC, Cintia. 2020. Paternidades juveniles en barrios populares. Experiencias y relatos de varones padres de un barrio periférico de la ciudad de La Plata (2012-2015). Tesis Doctoral, Universidad Nacional de La Plata.)

Referencias

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    03 Nov 2023
  • Fecha del número
    2023

Histórico

  • Recibido
    25 Oct 2020
  • Acepto
    24 Mar 2023
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