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Por el culo: políticas anales

RESEÑA

Alberto Alejandro Medina Jimenez

Lic. en Psicología - Maestrante en Psicología Social de Grupos e Instituciones - Universidad Autónoma Metropolitana (UAM - Unidad Xochimilco) - México, D.F.> uroplatus_77@hotmail.com

SÁEZ, Javier & CARRASCOSA, Sejo. 2011. Por el culo. Políticas anales. Madrid/Barcelona: Editorial Egales. 182 p.

Un ejercicio intelectual, político y literario: es lo que nos ofrecen los autores de Por el culo. Políticas anales. A manera de ensayo, con un lenguaje sencillo y fluido, Sáez & Carrascosa nos introducen a una zona oscurecida por el saber. Provocativo e hilarante, crítico y reivindicativo, cómico en ocasiones y crudo en otras, el discurso expresado a lo largo del libro convoca no sólo a ser pensado sino también a ser experimentado con el cuerpo. Ya en las primeras líneas, los autores afirman desde qué lugar del cuerpo provienen las letras: "Este es un libro sobre el culo, un libro alrededor del culo, desde dentro del culo" (:13). Desde y para el culo, podríamos agregar. Es, por lo tanto, un libro irruptor, que no se queda en el nivel de burdo entretenimiento; ataca a la razón e invita a la reflexión, de ahí su valor intelectual y político. Sus autores apuntan a un cuestionamiento radical de las identidades y señalan que es por medio del culo que se hacen evidentes desigualdades como la homofobia, el machismo y el racismo.

Desmantelar, cuestionar, subvertir: Sáez & Carrascosa hacen explícita su militancia. Parten de una postura teórica queer, que enrarece el saber sobre los géneros, el sexo, los cuerpos; lo politiza. En el libro no se muestra un saber clínico o especializado sobre lo anal; no se trata de un saber técnico en favor de "la ciencia". Sus aportaciones que, como se verá más adelante, son numerosas, señalan e interrogan el régimen que hace posible y fomenta ciertos discursos de lo anal. Apoyándose en Foucault, santo patrono de la teoría queer –como diría Halperin—, sostienen la idea de que el poder circula y se disemina, no es estático ni sustancial; y que el dispositivo de la sexualidad (creado con la modernidad) no es meramente un mecanismo represivo. La sexualidad es un objeto creado por el poder para la dirección y administración de los cuerpos. Desde el contexto de España, pero sin limitarse a él, los autores buscan los intersticios y las circunstancias particulares en los que el poder se instala y actúa con respecto al culo: la policía que vigila y castiga, las estrategias que limitan y obligan, los silencios que generan discursos. E indagan también las formas en que ese poder es subvertido, los modos de resistir(lo) y las apropiaciones que desplazan los significados impuestos, proponiendo, desde esta última perspectiva, una política anal.

El culo aparece bajo el rótulo de lo abyecto, del agravio y el desprecio, comentan los autores en el primer capítulo. Piensan, con Judith Butler, que el insulto es performativo, se adhiere al discurso y se repite sin siquiera pensarse, pero genera efectos de realidad; se aprende y se actúa desde el lenguaje sin necesidad de un objeto o un acto en sí. Los autores evidencian esa situación en referencia a la penetración anal. En distintas lenguas y nacionalidades la penetrabilidad del ano se muestra como una forma de ofensa, se asocia de manera inmediata a una desvalorización: relega a la práctica anal a un espacio "otro" fuera de la normatividad y de lo admisible, marcando a quienes la practican y colocándolos en un lugar de humillación. Se considera al sexo anal como algo sucio, antihigiénico. En esta zona donde es ubicado, el sexo anal se asocia al marica, al sodomita, al homosexual, alejando tales prácticas del espacio heterosexual (aunque, como los autores señalan, el sexo anal no sea una práctica exclusivamente homoerótica: la pornografía heterosexual es una evidencia de ello). Lo anal sacude la división dicotómica de los sexos, orificio inherente a todo cuerpo.

Los autores también parten de una idea de género "vacía", no natural; señalan el hecho de que penetrar o ser penetrado son constitutivos de ser hombre o mujer. Los insultos recopilados en el texto arremeten contra aquel que ocupa el lugar pasivo en la penetración. De acuerdo a los autores, desde un régimen al que llaman heterocentrado se considera que la feminidad se construye como penetrable, mientras que lo masculino se edifica desde una impenetrabilidad. Si un hombre penetra –aunque sea a otro hombre– tal acto es elogiado (una contradicción más, evidenciada por los autores). Retomando el ejemplo del exterminio gay iraquí y de ciertas negaciones a la ciudadanía, Sáez & Carrascosa lanzan una pregunta acerca de las condiciones que hacen posibles los derechos humanos: si es posible decidir sobre la vida y la muerte, y sobre quien tiene derechos o no, entonces "¿quién decide el acceso a «ser» humano y quién queda excluido de «lo humano»?" (:30).

El segundo capítulo inicia con la etimología del ano y se dirige a distintas valorizaciones que se han hecho históricamente. Al parecer, la única tradición que ha valorado positivamente al sexo anal ha sido la tántrica de la India. En la cultura clásica griega y la romana, el prestigio delimitaba los espacios del placer anal. La desvalorización de esta práctica, más que por implicaciones de género, se cimentaba en una cuestión de clase. Un recorrido que va de los hebreos a la Edad Media traza una línea desde el origen del término sodomita hasta la quema de los mismos.

Dicha genealogía continúa en el capitulo siguiente, que encuentra en el Marqués de Sade el primer elogio al lugar pasivo de la penetración anal. En un contexto más actual, los autores exponen el panorama en el que siguen operando la homofobia y el machismo. La penalización de la homosexualidad en distintos países llega en algunos casos a la pena de muerte, mientras que en ciertos procesos legales, los crímenes por homofobia quedan impunes en el Occidente actual. Los autores señalan que esta situación pone de relieve que el ano es un espacio de lucha:

El culo es un espacio político. Es un lugar donde se articulan discursos, prácticas, vigilancias, miradas, exploraciones, prohibiciones, escarnios, odios, asesinatos, enfermedades. Llamamos política precisamente a esa red de intervenciones y de reacciones (:63).

Mediante algunos ejemplos, Sáez & Carrascosa muestran cómo cualquier inversión de las reglas establecidas, como el hombre que disfruta de ser penetrado y la mujer impenetrable, es desvalaorizada y colocada en el marge de la desviación. Pareciera que en referencia a los sexos, lo genital y lo hormonal queda relegado a un segundo término cuando de lo anal se trata.

Basándose en un texto de Paco Vidarte –Ética marica–, los autores proponen una política de lucha contra el régimen heterocentrado, y plantean una "política de agujero negro", que consiste en recibir todo del sistema sin dar nada a cambio. Más que una política reaccionaria o defensiva, proponen una política reivindicativa. Se desestabiliza la dicotomía activo-pasivo. Resulta interesante que en la época del "activismo" se proponga una resistencia desde otra posición, que no se trata de una inercia ante el poder, sino que se formula más bien como una actividad en lo pasivo. Los autores lanzan asimismo un cuestionamiento contra el saber académico sobre las minorías sexuales, y señalan que si las condiciones del saber se encuentran inmersas en un régimen heterocentrado, ¿cómo es posible entonces un diálogo que no se base en la desigualdad jerárquica?

En el cuarto capítulo se continúa con la genealogía del culo, centrando la reflexión en la represión del placer anal y en la idea que denota su importancia para la construcción de la heterosexualidad. Es en el siglo XIX cuando surge, desde un espacio médico y psiquiátrico, la definición del "homosexual", vinculado desde sus comienzos a la práctica del sexo anal; enlazando, además, esta zona del cuerpo a una forma de identidad global que busca en la anatomía las bases para crear una nueva especie nosológica. De tal modo, el sexo anal queda expulsado nuevamente de la práctica heterosexual masculina. Para ser hombre no se debe ser homosexual y, por ende, tampoco ser penetrado analmente. De ahí la dificultad para concebir las relaciones homoeróticas de una forma distinta a la heteronormativa: el pasivo y el activo se establecen como sinónimos de mujer y de hombre. Como muestran los autores, la mayoría de las prácticas de penetración anal en el "ambiente gay" se llevan a cabo de manera versátil, sin roles fijos y únicos. Los autores hacen un intento de resignificación del ano. Una propuesta topológica demuestra que el cuerpo se encuentra atravesado por un vacío que va de la boca al ano, por lo que las nociones corporales de dentro y fuera quedan relativizadas.

En el capítulo cinco se presenta una exposición de comunidades y prácticas que cuestionan y se apropian de contenidos elaborados por el poder. El fist fucking desplaza la práctica genital y lleva el placer a lugares expulsados de la normatividad sexual; el ano y la mano como espacios placenteros son además mostrados públicamente. El fist desexualiza al placer. Exhibe el ano y lo arranca del lugar vergonzoso, para exaltarlo. De este modo, el fist se vincula al dildo, ya que –como destacan Sáez & Carrascosa– el dildo no es un sustituto del pene sino de la mano. De modo similar, las comunidades gays de osos y leathers harían una reapropiación de la masculinidad. Alejándose del estereotipo común del homosexual como sujeto afeminado, cuestionan la masculinidad en tanto la vuelven vulnerable y también exhiben la analidad como un lugar de placer. Desde una mirada heterocéntrica, un lugar contradictorio: el homosexual debería ser afeminado, y al sujeto masculino no debería gustarle ser penetrado. Los autores cuestionan también la apropiación de la feminidad que estos grupos han realizado: con su exclusión parecieran estar repitiendo patrones machistas y segregativos.

Ante las definiciones clásicas de identidad sexual y género, otro de los espacios destacado por los autores como interrogante es la cárcel. Allí la economía del placer y del poder se entremezclarían y distribuirían de formas complejas. Las identidades del mismo modo no son estáticas y se determinan en función de ciertas prácticas. El sexo anal determina en cierta forma el rechazo y la degradación jerárquica, haciendo las identidades trasladables y reversibles, por lo que una vez más el sexo y el género no son unidades saturadas e inamovibles.

El sexto capítulo es de alguna manera un elogio a Freud. Como se sabe, el psicoanálisis ha sido en diversos momentos un lugar de patologización y descalificación de la homosexualidad. Sáez & Carrascosa retoman su origen y nos exponen una cara distinta. Se emplea a Freud para resistir a Freud —diría Blanchot—. Como se señala a lo largo del texto, es el padre del psicoanálisis quien, por primera vez, coloca al ano como una zona erógena. Contraponiéndose a una visión mecanicista del cuerpo –en la que tendría una función apenas digestiva– Freud coloca al ano y a su erotización como constitutivos del psiquismo. Freud no considera al placer anal como exclusivo de la homosexualidad. Sería interesante, como exponen los autores, que el psicoanálisis se planteara un estudio detallado del ano no ya como lugar de expulsión sino como espacio de entrada.

El último capítulo del libro explora la relación del culo con el VIH. Desde sus comienzos, el SIDA ha sido vinculado a la homosexualidad, y su carácter de pandemia evidencia, con crudeza, desigualdades étnicas, sexuales y de clase. Los movimientos sociales articulados en la lucha contra el SIDA contribuyeron a la mejora en la calidad de vida de algunos sectores de la sociedad. El libro cuestiona no obstante la utilidad de una prevención que no ataque las desigualdades sociales y a la homofobia que estarían en la base del problema.

Se propone una prevención que instaure lo que los autores llaman el orgullo pasivo. Es la persona penetrada quien es más vulnerable a la infección de VIH; el lugar que ocupa la pasividad como lugar inactivo y degradante pareciera impedir una toma de decisión respecto al uso del condón. Sáez & Carrascosa exploran también uno de los fenómenos que inciden en la transmisión del VIH: el bareback. Esta práctica –que rechaza el uso del condón– no responde a una lógica homogénea y coherente, y constituye un desafío para repensar la prevención y sus alcances.

Los autores concluyen con la conceptualización de dos dispositivos, uno basado en la genitalidad y otro en lo anal. El primero, visible y promovido; el segundo, oculto y vergonzante. Su entrecruzamiento sería el lugar de una violencia que opera y arremete contra sus detractores. Es el culo, pues, un lugar desde donde se constituyen y valorizan los cuerpos, las sexualidades, los géneros; lugar, por tanto, de lucha y reivindicación.

A lo largo del libro se recogen manifestaciones artísticas, poemas o textos incluidos en un performance. Son escritos que "parasitan" el texto y lo despojan de toda pretensión de asepsia y de pureza. Considero que el mayor valor del libro de Sáez & Carrascosa es precisamente estropear la supuesta neutralidad del discurso: como mencioné al inicio, su valor teórico es también político y estético.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    20 Dic 2012
  • Fecha del número
    Dic 2012
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